Triunfando en tierra extraña

Moby Dick en Bulgaria

En Bulgaria, de drcha. a izda.: Manolo (con barba), Alejandro, Juan e Hilario.

Dos músicos salmantinos y dos de Jaén fundaron Moby Dick

En 1970, Manolo González, conocido como Manolo el Pelirrojo, ex organista de los Clavos, emprende la fundación de un nuevo grupo. Esta vez no lo hace en Salamanca (ya no reside en la ciudad), sino en Jaén, de donde es originaria su mujer. En esta ciudad andaluza conoce al guitarrista y cantante Alejandro Jaén y al bajista Juan Aguilera y comienza a ensayar algunos temas con ellos. Para el puesto de batería, Manolo llamó a Hilario Juanes Larri, un excelente instrumentista salmantino, del que ya hablamos en el artículo dedicado a Los Soles, con quienes comenzó su andadura.

Desde que los doce años, Manolo tenía muy claro que quería dedicarse a la música. Para eso había estudiado en el Conservatorio y –tras haber formado parte de conjuntos locales de la talla de Límite o los mencionados Clavos– había abandonado Salamanca en busca de mejores oportunidades profesionales. Como Jaén no era tampoco el sitio más adecuado para triunfar, apenas formado, el cuarteto se trasladó a Madrid.

Nombre de ballena, sonido de mariposa

Comenzaron llamándose Los Trotamundos. Sin embargo, a principios de 1971, una vez en la capital, se pusieron en contacto con el productor Pablo Herrero, quien propuso Moby Dick como nombre para el nuevo grupo. Según parece, eligieron este nombre solamente porque daba lugar a una rima que decía “Moby Dick la ballena blanca, dos de Jaén y dos de Salamanca”. Aunque esta denominación de cetáceo parece sugerir un sonido Hard Rock tipo Led Zeppelín, el grupo se especializó en un pop más suave, aunque no necesariamente intrascendente. De hecho la mayoría de las versiones que interpretaban, eran de temas de Crosby, Stills & Nash. o de Simon & Garfunkel, y se apoyaban en sus excelentes y armonizadas voces.

Desde el principio, el proyecto nace bien organizado. Cuenta con la colaboración de grandes profesionales capaces de montar una campaña de lanzamiento como es debido, para catapultarles de inmediato a la fama. Nada tenían que ver con las dificultades que sufrían los grupos de provincias de aquella época. Pero es que Moby Dick no era un grupo local, sino un conjunto madrileño en el que militaban dos salmantinos.

Así, a los dos meses de comenzar, se dio la circunstancia de que Donna Hightower, cantante estadounidense de raza negra afincada en España, estaba buscando un grupo de acompañamiento. “Empezamos con ella casi por casualidad. Resulta que, entre los managers con que entramos en contacto estaba el suyo y este se acordó de nosotros”, afirma Manolo. El resultado es que, como corría prisa, a los dos días de recibir la primera oferta estaban acompañándola sala Tropicana, un local de Burgos.

Para muchos músicos, acompañar a un artista de renombre supone –entonces y ahora– la consagración profesional, ya que garantiza el que se pueda comer e incluso cenar, y hasta comprarse coche. Sin embargo, no se conformaron solo con la mera labor de músicos mercenarios. “Tras cuatro meses de actuaciones en solitario y dos de acompañar a Donna, entramos por primera vez, en un estudio de grabación”, relata Manolo. La cara A de este single se tituló Sin una ilusión. No fue un disco más de los que se regalaban a los amigos y servían de presentación para conseguir trabajo en las discotecas, sino que llegó a puestos destacados en las listas de éxitos tanto de España como de varios países hispanoamericanos. Similar suerte tuvieron sus otros dos singles (Mi destino es como el viento y Solo quien perdió su corazón), con los que incluso consiguieron un número uno en el hit venezolano.

Para Rusia con amor

Durante los dos años largos de existencia del grupo, menudearon sus conciertos tanto en su calidad de acompañantes de la Hightower como en su condición de independientes. “Con Donna actuamos en casi todas las cuartel general era la Sala J&J de Madrid. Asimismo, era muy frecuente nuestra presencia en las salas de la cadena Consulado, con cuyo propietario teníamos una relación de gran amistad”, continúa El Pelirrojo.

En este plan de triunfadores continuaron durante casi tres años, hasta finales del 72. En la primavera de ese año, el bajista Juan abandonó el grupo para cursar la carrera de Derecho. Con el fin de salvar el verano introdujeron al guitarrista salmantino Benigno Iglesias, más conocido como Beni, del que ya hemos hablado en relación con grupos como Los Crashers o Indice. “Yo pasé a tocar el bajo y cumplimos nuestros compromisos sin órgano. Pero esta combinación resultó una chapuza; ya no era lo mismo”, asegura. El grupo se disolvió definitivamente poco después, cuando Manolo e Hilario aceptaron una oferta para acompañar al cantante Michel, con quien ya habían tocado en Bulgaria, en una gira por la Unión Soviética.

Tras esta etapa rusa, Larry y Manolo han seguido como músicos. Mientras tanto, el bajista Alejandro se fue a vivir a Miami, donde ha sido productor musical, Por último, Juan Aguilera se ha convertido en un destacado abogado de Comisiones Obreras en Jaén.

(Del libro «Historia incompleta del Pop y del Rock en Salamanca«, de Víctor González Villarroel. Explorafoto, Salamanca 2009)

Edición web: Agur (Culture27)

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