¿Orquesta o grupo?

Segunda formación: Paco García, Agapito, Ángel Ongay, Tinín y Víctor

Huella era, a comienzos de los 70, la principal alternativa al Grupo 96

El panorama de lo que se había denominado conjuntos músico-vocales (a partir de esta época se les llamará grupos). La más evidente de estas novedades hace referencia a los nombres con que se conoce a cada uno de ellos. Desaparece el artículo de estas denominaciones (por ejemplo, Grupo 96 en lugar de Los Rejas). Se esfuman también los trajes ye yes y las medias melenas y eclosionan los vaqueros gastados y las greñas hippies. Además los repertorios se van endureciendo con canciones de Led Zepelin, Deep Purple o Uriah Heep. Todo ello sin dejar de interpretar versiones de canciones de moda y música de baile, imprescindible si se desea actuar por los pueblos. Huella es un conjunto que sufre una evolución similar, ya que aparece como casi como orquesta de baile que, poco a poco, se transforma en grupo de rock.

Primera formación: Atrás Pepe Marsán. Delante (Izda. a derecha): Tinín, Mariano Iglesias y Víctor.

Una orquesta comercial.

Hacia finales de 1971, los hermanos Víctor y Tinín Moro –miembros de una familia muy musical, natural de El Cubo de Don Sancho– deciden formar un grupo que les permita financiar sus respectivas carreras. Desde los catorce años Víctor, estudiante de violín, ha sido bajista en la orquesta del Atenas. Tinín, alumno de la Facultad de Derecho, se ha negado a estudiar solfeo, pero ha recibido lecciones de Manolo Moro, también hermano suyo y pianista de primera línea, así como de Valentín Sánchez, regresado de Cuba, ex profesor del Conservatorio de La Habana y experto en ritmos caribeños. Víctor, gran descubridor de talentos, ficha a Mariano Iglesias, cantante de un grupo adolescente llamado los Ekos, así como a Pepe Marsán, batería no menos bisoño. Se suma también a Agapito, excelente trompetista con edad suficiente para ser el padre de cualquiera de los otros. Esta poco usual formación, denominada Huella, se hace con un primer equipo (una simple etapa de potencia conectada a un altavoz que les monta Manolo Iglesias, un pequeño órgano Farfisa de color rojo, un bajo Hofner y una batería Honsuy), y comienza a interpretar pasodobles, cumbias, cha-cha-chas y jotas por pueblos como Hinojosa de Duero, Vitigudino, Ciudad Rodrigo, etcétera.

Tras un algún tiempo en este plan, Tinín va poniendo sobre el tapete sus aspiraciones a interpretar cosas más modernas, un empeño en el que le apoya el batería Pepe. Consecuencia de ello es la inclusión de instrumentales como Soul Limbo, de Broker T. & MGS, que se añadió a algunas canciones melódicas, ideales para Mariano. Hubo que esperar algún tiempo para introducir temas más rockeros. La ocasión llegó un par de años después, época en que Mariano se fue para fundar Índice, al tiempo que a Pepe le salió un contrato en Marruecos.

Para sustituir a este último entró un batería de 17 años al que Víctor descubrió en un festival de Los Salesianos. El bisoño intérprete era nada menos que Paco García –ahora famoso–, “Era un diamante en bruto, un fenómeno a quien solamente había que enseñar a tocar pasodobles para llevarle ante cualquier público”, asegura Víctor. En un tiempo record aprendió esos ritmos y muchos más. En este empeño contó con la inestimable ayuda de Faby el Vele, entonces batería de Los Flamingos.

Por los caminos del rock

Etapa más desmelenada: (Izda a derecha): Tinín, Domingo, Paco Winter, Paco García y Víctor.

Para sustituir a Mariano se recurrió a Ángel Ongay, ex miembro de la Coral salmantina, de grupos como Folk 70, de la versión local de ¡Viva la Gente! etcétera. Además se incorporó Paco, apodado Winter, o el Extremeño ex guitarrista del grupo de folk Al Andalus. Agapito, por su parte, acabó dejando un grupo demasiado rockero para su gusto y edad. Así que, en esta etapa –la mejor– Huella desarrolla dos repertorios. Uno, para jóvenes, a base de canciones de Santana, Premiata Forneria Marconi, Elton John, etcétera, y otro, para pueblos y salas de fiestas, a base de música de baile.

El grupo aún conoció otra formación. A Ángel Ongay, que se fue a tocar a Suiza, Austria y Alemania, le sustituyó Domingo, una voz rockera a lo Elvis. Finalmente se fueron los dos Pacos (García se incorporó al Grupo 96). Además, hacia el año 74, Víctor se va a estudiar música a Hamburgo y allí coincide con Ángel García Arnés, alias Chin, teclista de Los Vanadiors. Estos hechos, junto al servicio militar de varios de ellos, hacen que miembros de ambas formaciones toquen juntos, como Grupo Huva (de Huella y Vanadiors). Acompañan también a Teyo, excantante del Grupo 96. Incluso llegan a actuar con dos baterías (Faby el Vele y Faby llamado El Largo). Se disuelven definitivamente a principios de los 80.

Hoy en día, Paco García es uno de los bateristas más reputados de España. Ha pasado por grupos como va Rock, Coz o la Orquesta Mondragón, acompañó a casi todos nuestros cantantes, (Serrat, Moncho Alpuente, Sabina, Ismael Serrano, Ana Belén, etcétera). Incluso ha interpretado jazz con artistas de la talla de Pedro Iturralde. Víctor Moro, por su parte, es administrador de la Joven Orquesta de Salamanca y profesor de viola del conservatorio de Ávila. Domingo es Policía Nacional. Mariano y Ángel Ongay continúan en el mundo de la canción. Faby el Vele (Fabián García Velasco) ejerce como abogado. Por último Faby El Largo (Fabián Redondo), letrado también, murió de un cáncer al igual que Paco Winter. Aún más trágico fue el destino de Tinín que, tras haber sido el juez más joven de España, fue asesinado en Ávila a principios los años noventa.

Con dos cantantes: Domingo Lozano, Tinín, Paco Winter, Fabi el Vele, Víctor y Teyo Bermejo.

(Del libro «Historia Incompleta del Pop y del Rock en Salamanca», de Víctor González Villarroel. Explorafoto, Salamanca 2009)

Sobre Víctor González Villarroel 9 artículos
Víctor G. Villarroel es un veterano periodista salmantino que residió en Madrid hasta que, en 2005, regresó a nuestra ciudad. Autor del libro “Historia incompleta del Pop y del rock en Salamanca” (2009), que resume las crónicas que semanalmente publicó en el desaparecido diario EL ADELANTO. Le gusta definirse como “arqueólogo musical”, debido a su tendencia a contar historias sobre pioneros de nuestro rock local. Actualmente colabora en el MES y en el programa musical “A Nuestro Ritmo” de Radio Oeste.

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