Pioneros del Rock and Roll

Gombau (izda) y su guitarra artesanal

Los Rock Boys se atrevieron a versionar a Elvis en 1959

A finales de los 50 atreverse a salir a un escenario salmantino con una guitarra eléctrica (o electrificada artesanalmente) era un acto de valentía que rozaba casi en lo heroico. No hablemos si, además, se pretendía interpretar rock and roll, un atrevimiento que conllevaba el riesgo de sufrir abucheos e incluso, si se actuaba en zonas rurales, de acabar nadando en el pilón de la plaza. Sin embargo había quien lo intentaba.

 En 1957 un puñado de estudiantes osó enfangarse en semejante audacia. Miguel Ángel Lucas, hoy ya jubilado, fue uno de ellos. Cuando tenía 17 militó, más que tocó, en Los Rock Boys (más tarde Los Shakins), un “conjunto músico-vocal” que interpretaba los éxitos de Elvis Presley en español. Como es lógico, partieron de las versiones realizadas por grupos mexicanos como Teen Tops o Los Llopis, quienes ya se habían atrevido con un Rock de la Cárcel mucho más popular en el mundo de habla hispana que la original en inglés: “El resultado”, añade M.A. Lucas, “es que las letras que cantábamos estaba salpicado de mexicanismos incomprensibles para un peninsular, pero eso le pasaba incluso a gente tan famosa como Mike Ríos”. No obstante como tanto rock podía resultar dañino para su integridad física, interpretaban también baladas suaves de The Platters u otros cantantes melódicos americanos de éxito.

Miguel Ángel acaricia la guitarra de los portugueses.

En la lengua del Imperio

 Por supuesto todo su repertorio se cantaba en español. “Nuestro guitarra solista, que se apellidaba Miño, había estudiado en EEUU y, lógicamente, dominaba perfectamente el inglés”, afirma Lucas. “Solamente una vez intentó interpretar un tema de Elvis, en inglés. El asunto ocurrió en una matinée del Teatro Bretón y la gente se nos echó encima. Comenzaron a abuchearnos y a gritar fuera guiris, que salgan Los Guajiros. Creímos que el teatro se venía abajo, así que optamos por despedirnos muy cortésmente, dar por finalizada la actuación y salir disparados hacia nuestra casita”, añade. Y es que los gustos del público estaban aún muy alejados de la música anglosajona.

 Aún no se actuaba en salas de baile, entre otras cosas porque nadie sabía bailar rock and roll, aunque enseguida aprendieron el Twist En Madrid había ya algunos grupos (Los Estudiantes, que fueron los primeros, se fundaron en 1955), pero aquí pasaron por lo menos cinco años antes de que la gente comenzara a entender ritmos tan “exóticos”. Otro de los obstáculos con que se encontraban era la escasez de salas para tocar. A falta de bailes donde se pudiera interpretar rock and roll, los Rock Boys actuaban en las matinés dominicales que organizaban algunos cines de Salamanca (El Bretón, El Coliseum y el Gran Vía fundamentalmente). Se trataba de funciones benéficas en las que no se pagaba a nadie. “Salíamos al escenario junto con niñas que imitaban a Lola Flores, cantaores flamencos y grupos locales de boleros que, como los famosos Guajiros, emulaban a Los Panchos”, asegura Miguel Lucas. “El público estaba compuesto, principalmente, por amigos de los artistas, razón que explica el que los rockeros estuvieran siempre en minoría. Si a esto añadimos el hecho de que la gente no estaba habituada a los “estridentes” ritmos que interpretábamos, se entiende el porqué no acabamos de cuajar. Cobramos solo una vez, como atracción, en la sala Samurai de Zamora”

Actuación en una matinal del Liceo.

Equipos caseros

 Por supuesto, como era habitual en ese tiempo, las guitarras, los amplificadores y hasta la batería eran de fabricación casera. En 1957, Pepe Gombáu, que tocaba la rítmica con el grupo, se fabricó una guitarra eléctrica partiendo de una española. Nunca había visto una auténtica más que en fotografía. Posteriormente, tras observar una, propiedad del Orfeón de Coimbra, se atrevió a construir un bajo para Lorenzo, que entonces tocaba con ellos y acabó –en la orquesta del club del restaurante La Posada– junto a Edwin, estudiante panameño y propietario de la primera eléctrica auténtica que Lucas conoció en Salamanca. “Pero eso fue ya en el 60”, afirma. Los amplificadores se construían gracias a los cursos que impartía la Escuela de Radio Maymó. El mismo Lucas, que, aparte de la armónica, tocaba la batería, tampoco tenía un instrumento de verdad. “Me las tenía que apañar con una caja de banda, al principio sin bordones y un plato que pudimos conseguir por ahí”, afirma. Solamente al final, ya en los 60, le sustituyó un batería profesional con una Premier auténtica. Él, por su parte, pasó a tocar en un grupo de armónicas, y a comenzar poco después (en 1963) una andadura en la COPE, como profesional de la radio, oficio en el que permaneció hasta su jubilación. “No sé si debido a lo joven que era o a mi condición de pionero, pero creo que mi etapa de rockero es la mejor de mi vida”, finaliza nostálgico.

(Del libro «Historia Incompleta del Pop y del Rock en Salamanca», de Víctor González Villarroel. Explorafoto, Salamanca 2009)

Sobre Víctor González Villarroel 9 artículos
Víctor G. Villarroel es un veterano periodista salmantino que residió en Madrid hasta que, en 2005, regresó a nuestra ciudad. Autor del libro “Historia incompleta del Pop y del rock en Salamanca” (2009), que resume las crónicas que semanalmente publicó en el desaparecido diario EL ADELANTO. Le gusta definirse como “arqueólogo musical”, debido a su tendencia a contar historias sobre pioneros de nuestro rock local. Actualmente colabora en el MES y en el programa musical “A Nuestro Ritmo” de Radio Oeste.

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