Inclasificables y perfeccionistas

Concierto de Galería de Sombras
Foto del único concierto realizado por Galería de sombras en la plaza de San Román, en Salamanca.

El sonido duro y las letras poéticas caracterizaban a Galería de Sombras

Corría el año 1987 cuando dos jóvenes llamados Esteban –integrante del grupo musical Leteo– y Nacho de Andrés, se reunían en el parque para tocar la guitarra. Un día apareció por allí Roberto Alonso, joven poeta y compositor, dotado además de una voz más que aceptable.

“Siempre tuve una fuerte vena artística. De pequeño cantaba en la escolanía de Los Escolapios y además hice teatro”, asegura.

Roberto Alonso
Fotografía del solista en plena actuación.
Roberto en plena actuación

Como de estas reuniones informales salieron algunas canciones quisieron interpretarlas de manera más profesional. Para ello se juntaron con Antonio Giménez, más conocido como Toño (bajista de los heavys Apocalipsis) y el batería Jorge Orejudo, compañero de Esteban en Leteo. Pasados unos meses Alberto Gutiérrez, un veterano fogueado en grupos de verbena, sustituyó a Esteban como guitarrista.

El grupo se llamó Galería de Sombras, nombre poético con reminiscencias expresionistas. “Al principio no estábamos muy seguros del tipo de música que deseábamos hacer.

Contábamos con las letras que yo escribía, unas melodías trabajosamente paridas entre todos, la experiencia rockera de algunos de nosotros y, sobre todo, un enorme afán de perfeccionismo, aunque el montaje de cada canción nos costara sangre, sudor y lágrimas. Comenzamos con una especie de rock sinfónico, que, a medida que se sucedieron las actuaciones, fue evolucionando hacia un rock complejo, con más componentes de Rhythm & Blues que de pop rock”.

Su música estaba abierta las más heterogéneas influencias.

Escuchaban de todo: desde blues o Radio Futura hasta El Último de la Fila (“Un grupo que luego aborrecí”, asegura Roberto). Pero no imitaban a nadie. La práctica totalidad de la crítica coincidió en que hacían, con mucho, la música más original de la ciudad. Esto no significa que no interpretaran versiones. “El directo lo exigía, pero además nos encantaba hacerlas. En primer lugar, ejecutábamos variantes de nuestras propias canciones, además arreglábamos temas ajenos.

Recuerdo, por ejemplo, un Frío del grupo Alarma, que llegó a convertirse en clásico de todas nuestras galas”.

De todas formas, casi todas sus canciones eran originales.

“Trabajábamos más que nadie en esta ciudad, sobre todo al principio. Ensayábamos todos los sábados cuatro o cinco horas, la mayoría de los domingos y varias tardes antes de cada concierto”, asegura. No obstante, su grupo no era profesional. Tanto Esteban como Roberto, que había abandonado la carrera de magisterio poco antes, trabajan, y los demás cursaban estudios universitarios. “En ningún momento pretendimos vivir de la música; nos conformábamos con autofinanciarnos mediante las actuaciones”.

Roberto Alonso.
Fotografía del único concierto ofrecido por Galería de sombras al aire libre.
Galería de Sombras En la Plaza de San Román, una de las pocas actuaciones al aire libre

De esa manera lograron hacerse con un equipo instrumental de cierta calidad. “Adquiríamos lo mejor que podíamos pagar, tanto a Manolo Iglesias como a Bienve Sánchez Marcos o a Antonio García el de Musical Acorde”, continúa.

Por los locales de la movida, así como en la mayoría de los grupos de los sesenta y los setenta vivía de las actuaciones en pueblos, la de los ochenta es una década caracterizada por la especialización. Las bandas, cada vez más, pasan a ser orquestas de baile o grupos de pop o de rock. Galería de Sombras es de los segundos, razón por la que apenas actuó en zonas rurales. “Solamente en los últimos tiempos la Diputación y algunos ayuntamientos de la provincia nos contrataron como atracción en los programas de fiestas”. Se les pudo ver, fundamentalmente, en los locales historia del pop y el rock en salamanca de la movida salmantina. Su primer concierto (noviembre de 1988) se celebró la Sala Platería. Tocaron también en el Bagg Pipes, en el Corrillo y en el Savor. Los últimos años actuaron bastante en la calle, contratados mayoritariamente por organismos oficiales, aunque, en alguna ocasión también por empresarios privados. Según afirma Roberto “ofrecimos unos 30 conciertos en nuestros cinco años de existencia”.

Tanto trabajo no se ha perdido del todo en el olvido. En julio de 1991 el grupo graba un single de dos canciones en los estudios Caskabel de León. (sus títulos eran Ardientes mentiras y En una selva de pelo rubio). Sacaron 200 copias, sin ninguna repercusión inmediata. “Aunque creo que influyó en lo que más tarde hicieron muchos grupos conocidos”, finaliza. En 1993 el grupo se disolvió, según Roberto “por consunción; simplemente las ideas se agotaron y cada uno de nosotros pasó a realizar otros proyectos”. En la actualidad solamente Alberto sigue siendo músico profesional. Roberto posé empresas de material deportivo y máquinas de coser, Toño es asesor financiero; Nacho se dedica a la venta y promoción inmobiliaria y Jorge trabaja en Orejudo, empresa de artesanía propiedad de su familia.

(Del libro «Historia Incompleta del Pop y del Rock en Salamanca«, de Víctor González Villarroel. Explorafoto, Salamanca 2009)

Edición web: Myriam Román (Culture27)

Sobre Víctor González Villarroel 25 artículos
Víctor G. Villarroel es un veterano periodista salmantino que residió en Madrid hasta que, en 2005, regresó a nuestra ciudad. Autor del libro “Historia incompleta del Pop y del rock en Salamanca” (2009), que resume las crónicas que semanalmente publicó en el desaparecido diario EL ADELANTO. Le gusta definirse como “arqueólogo musical”, debido a su tendencia a contar historias sobre pioneros de nuestro rock local. Actualmente colabora en el MES y en el programa musical “A Nuestro Ritmo” de Radio Oeste.

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